
Esta semana descubrí un pequeño bistrot con una cocina francesa clásica deliciosa; la mousse de foie gras me transportó a ese idílico primer encuentro –precisamente en Alsacia– con el hígado graso del ganso, de textura untuosa como mantequilla y exquisito gusto trufado que al encuentro con un aromático vino blanco gewürztraminer me hizo caer rendida ante tal explosión de sabores.
El Bistrot Arlequín en la colonia Cuauhtémoc es un rincón con pocas mesas. Entre semana hay que esperar o llegar antes de las 2 de la tarde para encontrar lugar, comentaron Jaime y Ernesto, quienes nos invitaron a descubrir este refugio de buena cocina en el DF.
La crema de ejote que pidieron Luis y Sonia, sabrosísima, potenciada con gotas de aceite de oliva de excelente calidad, me remitió al reconfortante gusto de la crema de frijol blanco (alubias) con esa equilibrada potencia, como coincidieron mis inseparables cómplices de correrías gastronómicas.
Jaime prefirió una variación de quiche con queso camembert y huevo, acompañado con ensalada de fresquísima lechuga y jitomate, aliñada con la suavidad suficiente para percibir el gusto herbáceo de la hortaliza y la delicada acidez del jitomate. Excelente en verdad.
Esa tarde apetecía una ensalada, decantándome por una de lechuga francesa, queso feta, jitomate y pancheta, rociada con aceite de oliva virgen extra,exquisita, destacando la frescura herbácea que al combinar con el gusto salado del queso y la grasa de la pancheta,logró ese agradable equilibrio que nos hizo agradecer a nuestros anfitriones la sabrosa experiencia. La sopa de cebolla no podía faltar en nuestra mesa, Ernesto se decantó por esta reconfortante preparación coronada con queso gruyère fundido y trozos de pan,sabrosa e ideal para satisfacer el antojo francés en la ciudad.
De plato fuerte, estofado de res; la carne macerada en vino tinto se deshacía en la boca, con esa potencia y sabor adquirido a fuego lento aderezado con el dominio del cocinero. Delicioso en verdad.
El estofado de ternera con zanahoria fue mi preferido, con el suave balance de la tierna carne cocinada lentamente para concentrar el sabor en una cremosa salsa, que acompañamos con vino tinto.
El comino del curry del estofado de carnero con la potencia de la carne y el exótico perfume de la especia se integraron al gusto de la preparación cocinada a fuego lento, resultando en ese potente sabor hindú al que me remitió de inmediato; el arroz silvestre como acompañante le onfirió un sabroso balance.
Como postres, al centro de la mesa llegaron una tarta tatín con rodajas de manzana caramelizadas sobrepuestas sobre una base aplanada, muy bien lograda, y un dulce con almendra delicioso, estaban como para chuparse los dedos.
Para cerrar nuestra agradable experiencia, un expreso sencillo. Excelente relación precio calidad. Les invito a descubrir este rincón francés en la ciudad de México. celia.marin@eluniversal.com.mx
